La Real Academia Española define la palabra ingratitud, como desagradecimiento, olvido o desprecio por los beneficios recibidos.
Los poemas hablan de la ingratitud como parte de la escoria humana y dentro de los anti valores, la ingratitud ocupa uno de los primeros lugares. Produce gran tristeza sentir que no hay reconocimiento en el ámbito, familiar, social, político.
Desde temprana edad se debe desarrollar el sentimiento de la gratitud, de otra manera, difícilmente los mismos padres podrán gozar de hijos que los valoren y reconozcan que son producto de un hogar que siempre dio lo mejor para que alcanzaran metas y lograran cristalizar sueños.
Por encima de cualquier hecho, es importante que se le otorgue el reconocimiento por el favor recibido a quien corresponda.
Preocupa que en plena etapa de formación, muchos jóvenes y jovencitas reciban sin dar siquiera las gracias. Aquí estamos fallando una vez más padres y maestros.
Se ha olvidado pedir el favor y se ha olvidado la enseñanza del agradecimiento.
Se observa que hasta en la vida laboral y en la política hay un halo de ingratitud que da una muy mala enseñanza a quienes vienen creciendo. Aquí se puede aplicar una máxima de Confucio: "Lo que no quieras para ti, no lo quieras tampoco para los demás", data desde hace 2.500 años y aún sigue vigente este pensamiento Chino.
Según Confucio, los hombres nacen siendo virtuosos y deben conservarse así, promulgando como principio de su doctrina, la veneración por sus padres, amor y respeto hacia ellos, la unión de los hombres, la fuerte y duradera comunidad nacional. Porque para él, una nación resulta débil, donde son débiles las familias.
Hoy la familia se ha quebrantado y la laxitud ha debilitado valores que siempre tendrán vigencia, siendo la primera escuela el hogar y luego la institución educativa, aún se pueden reforzar y hacer énfasis en el respeto por la familia, los amigos, aquellos que solidariamente hicieron parte de un escalón para alcanzar la cima a la cual se haya llegado.
Quien un día recibió como gesto de solidaridad la mano amiga para levantarlo o llevarlo al lugar que deseaba, debe recobrar la memoria perdida y corresponder a quien en otra época le causó un beneficio, de no hacerlo, merece la desconfianza hasta de sus propios amigos, porque la ingratitud encierra todos los antivalores.
Por eso valora a tus padres, reconoce sus esfuerzos, ámalos hoy que puedes disfrutarlos, acompáñalos, habla con ellos; cuando seas amigo hazlo con sinceridad y aún cuando esa amistad acabe, jamás pierdas la gratitud.
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